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Las garantías en la impermeabilización de cubiertas

En el sector de la cubierta e impermeabilización hay una intensa pugna comercial basada en las garantías, o mejor dicho basada en el mayor número de años de garantía.

Pero en este asunto, no es oro todo lo que reluce, como suele pasar en esas cosas que a nivel de titular son muy bonitas, pero que cuando rascas y profundizas la cosa no es tan atractiva como parece.

La garantía de impermeabilización hoy en día no es un documento técnico, es un documento comercial con carácter económico, donde los fabricantes exponen como supuestamente se van a comportar en caso de que su producto o sistema impermeabilizante falle. ¿Es la garantía una certificación de que el producto no va a fallar?, no, y menos cuando los ámbitos temporales se escapan de las responsabilidades sociales de las personas que las firman. ¿Dónde estarán algunos de los que firman una garantía dentro de 25 años?

Sería mejor basarnos en los argumentos técnicos, que tienen un aspecto menos interpretable, por ejemplo, tenemos 50, 100 o 300 cubiertas con más de 20 años desde su ejecución en diferentes zonas de España con su climatología real de cada zona, se pueden ver insitu con permiso de la propiedad, se puede coger una muestra y analizar el estado de la lámina. Eso es la durabilidad real y tangible.

Generalmente se miran las características y normas que cumple una lámina impermeabilizante en estado nuevo o en ensayos controlados de laboratorio que es lo que aparece en una ficha técnica. Pero no se ensayan o analizan que características y pruebas supera una lámina después de 20 años reales en una cubierta, que sería demostrar cómo se ha comportado ese producto en cubiertas similares con exposiciones y solicitaciones similares, y por tanto asevera como se va a comportar el sistema/producto en una cubierta a futuro.

Mientras que la garantía, dice como teóricamente se va a comportar un fabricante a futuro y entran factores humanos. En el argumento de la durabilidad solo entra el aspecto puramente técnico del producto.

Dicho esto, lo realmente importante no es el supuesto comportamiento a futuro de la empresa fabricante. Si no el comportamiento real del producto y sistema, que, en contra de la garantía, es el único concepto técnico que se puede valorar y que es el que mejor nos va a asegurar la ausencia de problemas. Pero para eso hay que ejecutar la cubierta de forma correcta, con todos sus elementos y con un cálculo de viento garantista, que en ocasiones no es así, en aras de conseguir un ahorro de costes que de una ventaja económica para posicionarse mejor de cara a cerrar la operación comercial.

Por desgracia, en España, se toman demasiadas decisiones en relación con estas partidas de gran responsabilidad teniendo como primer elemento de decisión el precio más económico. Y lo más barato nunca es la opción más inteligente porque nadie “da duros a cuatro pesetas”.

Esto es el resultado de estar en un mercado poco maduro, en otros países de Europa estas cosas no son habituales y, por poner un ejemplo, no hay más que ver como se ejecuta una cubierta industrial de nueva ejecución en Alemania y los precios con los que se cierra el acuerdo comercial.

Por esos motivos, a menor madurez y profesionalidad del sector en un determinado país, mayor número de años de garantía. Esto pasa porque cuando ciertos players, ya sean fabricantes o instaladores, quieren entrar en un mercado por la vía rápida, lo fácil es incorporando un titular en la garantía con un número de años cada vez mayor, sin el menor argumento técnico ni documental.

Siempre serán mejor los argumentos técnicos y que nos demuestren la durabilidad real, que no anula ningún aspecto de la garantía que nos den, porque son criterios diferentes. Pero debería ser una garantía real, creíble y sostenible en el tiempo, no un mero documento del que no se suele entregar un borrador de forma previa y en donde se utiliza el criterio del mayor número de años para conseguir la venta. Además, hay que tener en cuenta que las garantías de fabricante suelen ser siempre de valor decreciente, perdiendo un % anual sobre el valor del producto, lo que quiere decir que aun siendo ejecutable la garantía, el cliente o propiedad generalmente tiene que aportar económicamente.

Una garantía para ser real, creíble y sostenible tiene que entrar dentro de los periodos de amortización de la actuación, que asegura de verdad en ese periodo la respuesta del fabricante, con una indemnización total de la actuación y contemplando aspectos no relativos al producto, como daños a la estructura o a los bienes contenidos.

Nos estamos encontrando con la paradoja por la cual se están exigiendo más años de garantía a la impermeabilización de una cubierta que a la estructura del propio inmueble y lógicamente esto no tiene sentido.

Un ingeniero o arquitecto no habla de garantías. Un ingeniero o arquitecto no propone como va a indemnizarte en caso de que falle su proyecto, obra o sistema. Lo que te argumenta es como lo ha proyectado para que las cosas no fallen. Te justifica como se va a comportar el producto y sistema, no como respondería en caso de fallo.

Hay unas responsabilidades de todo esto que en parte recae en el cliente o propiedad, y es que se elige por lo años de garantía que le van a aportar, pero generalmente no se está leyendo la letra pequeña de dicha garantía, se cree de forma genérica que la garantía de 15, 20 o 25 años nos va a “cubrir de todo” en ese periodo en cuanto levantemos el teléfono, pero eso no suele ser tan idílico y después vienen los problemas y las fricciones entre fabricante, instalador y propiedad, porque llegado el caso, nadie quiere asumir una responsabilidad que suele ser muy gravosa económicamente hablando. Y en todo esto hay otra variable, las garantías van sujetas a un mantenimiento (que en la mayoría de los casos no se lleva a cabo) y en general a mayor número de años de garantía mayor coste de mantenimiento y mayor exigencia de revisión y registro documental de ese mantenimiento si queremos que esa garantía sea efectiva. Lo correcto sería hacer un contrato de mantenimiento anual que deje todo documentado a través de los informes pertinentes, pero a dia de hoy pocas propiedades quieren asumir el coste que esto supone.

Por poner un ejemplo, de qué sirve que te den una garantía de 20 o 25 años si no hemos comprobado que el fuero jurisdiccional es en el mismo país en donde está radicada la cubierta, las condiciones de amortización y las exigencias de mantenimiento, que como se ha dicho no se suelen cumplir.

En algunas garantías ni siquiera se indica el procedimiento de comunicación cuando hay una incidencia o siniestro y en ocasiones no viene un mail o teléfono al que comunicar en el caso de que sea necesario.

Por estos motivos todos estos aspectos deben de ser valorados antes de tomar la decisión de la ejecución.

Si tenemos un problema en el periodo de garantía y cuando vamos a echar mano de la misma el fuero jurisdiccional es en otro país o peor aún, en otro país lejano, como puede ser EEUU. ¿nos vamos a poner a pleitear en otro país “al otro lado del charco” a 7.000 Km para defendernos de lo que nos dijeron hace X años cuando se contrató el trabajo? Pensemos con la cabeza y no con el bolsillo, que a la larga puede salir mucho más rentable.

Me gusta hacer un símil que se entiende muy bien, las marcas premium de vehículos dan 3 años de garantía y algunas marcas de gama media o baja aportan 7 años de garantía. ¿Quiere decir esto que un vehículo de gama media o baja de procedencia coreana, es mejor vehículo que uno de gama premium de procedencia alemana? Es muy probable que en el condicioando de esa garantía tengamos la solución a la pregunta. Y, por lo tanto, deberíamos aplicar un criterio similar en la impermeabilización de cubiertas.

Por último, algo tan evidente como poco habitual es que generalmente el cliente o propiedad desconoce el tipo de garantía, cobertura y obligaciones de mantenimiento hasta que la cubierta no está finalizada, cuando lo correcto sería tener esa información de forma previa para poder tomar la decisión más correcta. También es cierto que hay quienes ni terminada la cubierta se preocupan de analizar a fondo la garantía que les entregan, pensando que tiene un campo de garantía por 20 o 25 años sin poner puertas al mismo y cuando pasa algo, que pasa bastantes más veces de las que nos pensamos, se ponen a leer lo que les entregaron… Y llegan los lloros, las decepciones y los cabreos.

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